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La Asamblea (Relato) 2ª Parte

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Relatos de Saiid Alami 2

La Asamblea (Relato) 2ª Parte

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El relój marcó la una de la noche y los que aun permanecían en la sala parecían estar agotados a pesar de que poco antes de la medianoche

la sesión se había levantado media hora para descansar lo cual había sido aprovechado por muchos de los pesentes para marcharse a sus casas abatidos ya por el cansancio. En la sala permanecían algunas decenas de personas la mayoría de ellas jovenes acompañados de sus amigas que participaban en la asamblea sin tener derecho a ello al no pertenecer por lazos de familia a la comunidad palestino-italiana. Estaba claro que el plan de la Comisión Preparatoria había tenido éxito ya que la mayoría de los presentes en aquél momento eran de  sus seguidores o amigos.

 

La asamblea discutía y votaba en aquellos momentos algunos artículos de los estatutos de la nueva asociación. Abu Isa se frotó las manos de alegría al ver que los resultados de las votaciones eran favorable a la Comisión y desfavorable para la asociación Jerusalén, con lo que se veía ya como presidente de la nueva asociación, como representante de la comunidad palestina de Italia, y atisbando el escaño del Consejo Nacional Palestino ya al alcance e la mano.

La discusión acerca de uno de los artículos de los estatutos de la nueva asociación se había enconado en aquel momento entre uno de los representantes de la asociación Jerusalén, el presidente de la asamblea y algunos de los que respaldan la Comisión, al tiempo que las muchas e ininterrumpidas conversaciones marginales envolvían aquella discusión con un ruido y un alboroto que hacían muy díficl distinguir lo que se decía en la discusión.

 

Alguien chilló en la parte más trasera de la sala:

- Hermanos, ¿Quién de vosotros escucha si todos vosotros estáis hablando?.

La cara de Marwan se congestionó detrás de su poblada barba  mientras se ponía de pie de golpe en la tercera fila de asientos y se volvía hacía las filas de atrás gritando en italiano:

- "!Compagnos!". O sea, compañeros. Luego pronunció unas palabras en árabe e italiano que nadie alcanzó a comprender a causa del intenso ruido, pero que más bien iban en torno a la religión ya que Marwan era conocido por pertenecer a una asociación religiosa islámica.

 

Al parecer, los religiosos, que a lo largo de la asamblea intentaban tomar sus riendas sin el menor éxito a causa de la intensa oposición ejercida contra ellos por parte de los marxistas y leninistas, pensaron que el momento ya les era propicio en medio de toda aquella estéril discusión que se desarrollaba en la sala. Por esto, y en cuanto Marwan se había callado, Abdessattar se envalentonó  y arrebató el micrófono de una de tantas manos que a su vez lo había arrebatado de otra mano que  por su parte lo había conseguido de alguna manera de la tribuna de oradores en el escenario y lo había llevado hasta la primera fila de asientos. Abdessattar gritó mientras se aferraba al micrófono que parecía que lo estaba engullend con una boca oculta y emboscada en medio de una caótica barba que había crecido de cualquier manera:

- En el nombre de Dios el Clemente el Misericordioso.

Al oír estas alabanzas a Dios se acallaron muchas voces cuya algarabía inundaba el salón de actos, mientras que Abdessattar continuaba hablando como si estuviera asomándose  a los presenets desde otro mundo que no tiene relación alguna con la asamblea:

- Hermanos. Hemos inaugurado hace unos meses en la mezquita de Ozman Ibn Affan clases diarias de la religión genuina pero hemos notado la escasa asistencia a las mismas, ¿Por qué hermanos no acudis a estas clases cuyo horario es de... 

Y llegado a este punto la sala estalló en exclamaciones de protesta, plantándose de pie el comunista Omar gritando a pleno pulmón, oculto a su vez detrás de una espesa barba negra que arranca en la mitad de su cuello y termina en dos mejillas separadas por una nariz minuda montada por unas gafas de montura negra y gruesas lentes:

- No vengas aquí a culturizarnos. Somos cultos desde antes de nacer tú. No hemos venido a esta asamblea para hablar de vuestras clases de religión.

 

El presidente de la asamblea se apresuró a interrumpir a Omar, a pesar de su pertenencia a su misma corriente política, por lo que había notado de extrema violencia en su tono de voz, y encendido de cólera se dirigió a este, una vez hubo recogido el micrófono de una mano que había podido rescatarlo de la mano de Abdessattar:

 - !Cállate!. !Tú Cállate!. !Siéntate!.

Y dirigiéndose a otro hombre le increpó con un tono imperativo y tajante:

- Y tú !¿Por qué no te sientas tú también?!. !!Pero que caos es este!!.

 

Mientras, excepto el miembro de la asociación Jerusalén encargado de discutir los artículos de los estatutos presentados por la Comisión Preparatoria antes de ser votados, el resto de los miembros de la asociación cuyo número a aquella hora tardía de la noche no pasaban de una decena de personas, permanecían en silencio ante todo aquel caos. Uno de ellos se inclinó hacía un compañero suyo sentado a su derecha y le dijo en voz baja:

- No aprendieron nada en absoluto a lo largo de veinte años que llevan en este país respirando democracía día tras día y leyendo sus lecciones una tras otra mañana y tarde. Más nos valía que hubieramos aprendido sus lecciones letra a letra dada nuestra extremada necesidad de ellas.No somos aun capaces ni siquiera de respetar las palabras de los otros ni la opinión de los otros. La mayoría de nosotros nos creemos enviados de Diós, incluso los ateos de entre nosotros, pues, así, imáginate los fundamentalistas, los islamistas, los cristianos, los de izquierdas y los de derechas. Todos nosotros no escuchamos excepto a nosotros mismos, no comprendemos excepto a nosotros mismos y no amamos excepto a nosotros mismos. Llevo resistiendo mis lágrimas desde que se inció esta asamblea. Ojalá no hubiera venido esta noche y no hubiera visto todo este atraso intelectual, y eso a pesar de que la mayoría de los presentes a nuestro alrededor son médicos, farmacéuticos, ingenieros y universitarios.

Su compañero y amigo le respondió diciéndole:

- Ya somos dos. Yo también estoy resistiendo las lágrimas de tanto afligimiento y pena que siento. Nuestros enemigos nos han expulsado de nuestra tierra y nosotros nos hemos encargado de completar la tarea de nuestros enemigos, dispersándonos en nuestro destierro. Nos hemos autodividido hasta grados microscópicos, nosotros que somos un pueblo pequeño, perseguido por la mitad del mundo e ignorado por la otra mitad. Ennumera conmigo nuestras facciones que no han liberado un sólo palmo de nuestra inmaculada tierra pero que sí han distanciado entre un palestino y su hermano palestino cavando entre ambos un abismal precipicio. Y ennumera además los grupos de fundamentalistas, de comunistas y de conservadores, y ennumera también todo lo que estos quieren difundir entre nosotros fuera de nuestra patria de enemistad entre nuestros cristianos y nuestros musulmanes nunca conocida en el seno de nuestro pueblo, y de enemistad entre los del campo y los de la ciudad de modo que este es campesino y aquel es urbano, y entre los que habitan campos de refugiados y los que no lo hacen, entre los naturales de la Cisjordania y los de la franja de Gaza, de modo que este es cisjordano y aquel es gazatí; entre los palestinos del Golfo, palestinos de Jordania, palestinos de Líbano, palestinos de Siria, etc. Vivimos una catástrofe que nosotros mismos hemos labrado y en la que nos han ayudado afanosamente algunos regímenes árabes y no árabes. Es la catástrofe de la dispersión, la división, el odio y el enfrentamiento interno aquí y en todos los países del destierro palestino. Somos, amigo mío, prisioneros de una nueva "yahilia"(4) que nos está descarnando de mala manera mientras nosotros estamos como drogados, inconscientes y sin comprender nada.

–Tú lo has dicho. Aquí y en los países del destierro palestino. Pero allá en neustra Palestina el pueblo sigue intacto y vigoroso porque la tierra que le alimenta y el aire que respira, además de todo su sufrimiento y padecimiento bajo la ocupación, son todos ellos elementos que purifican su alma y funden su ser en un crisol único de donde brota un metal sólido y genuino que no conoce esas escisiones y nimiedades internas que vacían de energía y vitalidad la lucha de nuestro pueblo en el exterior.

– !Te lo dije tantas veces! No va a liberar nuestra tierra excepto el pueblo de la Intifada y los "niños de las piedras" (5). En cuanto al resto no son más que burbujas de jabón que ciegan a nuestro pueblo desde la "Nakba"(6) hasta hoy día metiéndole en batallas que no necesitaba y en laberintos que no llevaban a Jerusalén y ni siquiera a Gaza. Suelo siempre repetir estos dos versos de Abderrahim Mahmud(7):

"Pobre de tí pueblo que ningún otro pueblo tuvo una desgracia como la tuya

Entregaste tu destino a quienes son incapaces de restituirte tus derechos usurpados"

-         Dices bien.

El vocerío se impuso sobre la voz del presidente de la asamblea que seguía hablando a través de la megafonía reprendiendo a todo el mundo e intentando darles lecciones de democracia mientras juraba de vez en cuando que había asistido a muchos congresos mundiales en sus pasados años.  Este se calló y se volvió hacía atrás para ver que tal estaban sus cuatro ayudantes encontrándolos a todos tan embelesados  y quietos como lo habían estado antes, hasta el punto de creer que estaban dormidos. Mientras, los asambleístas se enzarzaron unos con otros hasta parecer que todos ellos estaban hablando a todos y todos se ocupaban de todos y cada hablante respondía a otros cinco a la vez.

Uno de la primera fila de asientos se volvió atrás, dirigiéndose a todo el mundo mientras arqueaba tanto su ceja derecha  que casí tocaba su cuero cabelludo y decía:

- Como habían dicho antes que yo, no hemos venido aquí a escuchar sermones religiosos. Hermanos....

Pero pronto su voz se perdió en medio del fragor de la sala y cuando se percató de que nadie le estaba escuchando se volvió de nuevo hacía el escenario y contempló largamente a los cuatro embelesados que estaban colocados detrás del presidente.

Otro se puso repentinamente de pie al recordar súbitamente que no había dicho nada desde hacía más de una hora, a pesar de que ardía en deseos de hablar, y se dirigió al comunista barbudo que aun seguía de pie discutiendo con quien se encontraban a su alrededor recalcando así  a los presentes que no acataba la orden del presidente que le había pedido que se sentara:

- Pero tío, le dijo, esta asamblea es para fundar la comunidad y no es una asamblea de vuestra respetable facción, y en la comunidad están todas las corrientes incluida la religiosa, ¿Es que no lo entiendes?

Y como si el comunista Omar, plantado de pie, estuviera esperando al encolerizado voluntario al que no conocía, por lo que le respondió con mucho sarcasmo e insolencia:

- Oye tonto, una comunidad no se funda... la comunidad es el pueblo,  así que !¿quién es ese que funda el pueblo?!. Estamos aquí para fundar una asociación.

- Mejor dicho para acabar con la asociación existente, gritó otro voluntario.

El que había hablado primero se había enfurcido tanto, permaneciendo aún de pie junto a su asiento lo mismo que al menos otras diez personas, que se dirigió a Omar con un tono muy crispado y le insultó abiertamente en devolución de la ofensa. El comunista escuchó los insultos dirigidos a él, paseó su vista entre los presentes hallándolos a cada cual en su mundo y percatándose de que nadie a parte de él había escuchado aquellos insultos, por lo que aparentó no haberlos escuchado él tampoco y preferió sentarse, callarse y pasar inadvertido, al tiempo que el que le insultó tomaba asiento jadeando preso de una fuerte cólera.

- Hijos míos...hijos míos, empezó a decir un hombre ya entrado en edad, de pelo canoso, tras haberse puesto de pie, tranquilamente y dirigiéndose a todos, pero viendo que nadie le hacía caso a causa de la debilidad de su voz se volvió a sentar con la misma tranquilidad.

Un bebé estalló en llanto en el regazo de su madre pasadas ya la una y media de la noche, lo que provocó la carcajada de alguien que miraba el bebé y a su madre pero está le fulminó con tal mirada que hizo que tragara instantáneamente su risa y se callara. Otro por allí se hartó de lo que estaba pasando a su alrededor por lo que abrió un periódico italiano de par en par abalanzándose sobre sus páginas los ojos de los tres individuos sentados detrás de él, a su derecha y a su izquierda, quienes a su vez estaban requete aburridos, leyendo los cuatro silenciosamente al unísono un gran titular que decía:"Los israelíes proceden a romper los huesos de los presioneros palestinos". Debajo había un subtitular que decía: "Las fuerza israelíes mataron ayer a cinco palestinos". El que está sentado en medio de los otros tres lectores cerró el periódico violentamente soltando, con una voz audible, un insulto muy soez, y escuchando a continuación al que se encontraba detrás de él decir "Amén". Se volvió hacía él intercambiando los dos una amplia sonrisa mientras que el que estaba sentado a su izquierda decía: - !Pero que metedura de pata!. Un error que cometí pero ya no me vuelven a cazar para otra asamblea ni en sueños. !Pero que desgracia!

De  nuevo una señora italiana se levantó y pidió a la presidencia de la asamblea que acelere la ejecución de los otros puntos del orden del día recordando al resto de los presentes la necesidad de hablar en Italiano y amenazando con retirarse de la asamblea junto a su marido si la asamblea no mantiene esta condición. Mientras tanto, continuaba disminuyendo el número de los presentes en la sala.

Omar afilaba su lengua de nuevo después de haber permanecido en silencio más de diez minutos y se preparaba para un nuevo asalto verbal repitiendo para sí las frases que pensaba lanzar en la cara de los demás asambleístas no pertenecientes a su corriente política, y cuando se hubo asegurado de lo cortante que resultaba el filo de su lengua se puso de pie y empezó a exlamar, una vez en italiano:" Compagnos " y otra vez en árabe: "hermanos" sin que nadie le hiciera caso ya que los que discutían se hallaban ensimismados en sus discusiones mientras que los que mantenían silencio sentían despecho hacía la asamblea, hacía sus organizadores y hacía quienes les habían convencido para asistir; y por su parte aquellos que se encontraban inmersos en charlas muy amenas estaban del todo ajenos a lo que ocurría en la sala. Así, Omar se volvió a sentar convencido de que no le quedaba ya mucho por hacer en aquella asamblea en favor de su corriente política excepto esperar la elección de los miembros de la junta directiva que se encargará de gestionar la nueva asociación y que él sabía de antemano que estaría formada por los mismos miembros de la Comisión Preparatoria.

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Pasaban ya de las tres de la madrugada cuando se terminó de contar los votos cosechados por la junta directiva de la nueva asociación cuya formación había sido aprobada previamente por los restos de la asamblea. Los asambleístas habían elegido entre dos listas de candidatos, la primera contenía la Comisión Preparatoria entera, con sus  tres corrientes políticas, y la segunda contenía la cuarta corriente y los fundamentalistas, además de dos miembros de la asociación Jerusalén.

Y a pesar de que la mayoría de los presentes a aquella hora de la madrugada eran seguidores de las corrientes representadas en la Comisión Preparatoria, y a pesar de que un número de chicas italianas, que no tenían derecho a votar, habían depositado su voto junto a los votantes en medio del ambiente de confusión y agotamiento que en aquellos momentos envolvía a todos los que se encontraban en la sala, aún así, el triunfo de la Comisión Preparatoria se produjo con una ínfima diferencia de votos.

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Dos años enteros han pasado ya desde la celebración de aquella asamblea y nadie de los palestinos de Roma oyó hablar a lo largo de este tiempo acerca de una sola actividad significante que haya realizado la nueva asociación. Todo lo que ha pasado a lo largo de estos dos años ha sido el estallido de problemas entre los miembros de su junta directiva que preside Abu Isa, de modo que cada uno de ellos se apiñaba junto a sus colegas políticos en contra de los otros miembros de la junta, hasta el punto de enconarse la lucha política dentro de la misma al intentar cada una de las partes que la formaban controlar los asuntos de la nueva asociación. En cuanto a trabajar y sacrificar esfuerzo y dinero al servicio de la comunidad palestina de Roma los miembros de la nueva junta directiva se limitaban a exigir unos a otros la realización de estos esfuerzos y a exigir lo mismo a otros palestinos que se habían unido a la asociación.

La desidia de los miembros de la junta directiva en trabajo y sacrificio a lo largo de los dos años llevó a la intensificación de los enfrentamientos entre ellos ya que cada uno de ellos acusaba a sus otros compañeros de ser el responsable de  la paralización de la asociación mientras que los miembros de cada corriente política participante en la junta directiva se dedicaban a difundir información en el seno de la comunidad palestina de Roma acerca de la desidia de sus otras dos corrientes.

Los seguidores de la nueva asociación se apartaron de ella al haber perdido sus encargados toda credibilidad después de haber estado lanzando promesas  a lo largo de tres años, convocando reuniones y asambleas, e injuriando a la asociación Jerusalén, sus fundadores y sus miembros.

En cuanto a la asociación Jerusalén, esta había recibido un fuerte golpe con la formación de la nueva asociación a causa de la confusión, desconcierto y perplejidad  provocados en las filas de la comunidad palestina por la celebración de aquella asamblea, hasta el punto de que algunos de los miembros de la ascociación Jerusalén, carentes de firmeza en sus posturas, se retiraron de la misma por temor a provocar contra ellos las corrientes políticas participantes en la nueva asociación, por evitar piques personales o por preservar ciertas amistades.

Ahora, habiendo pasado dos años desde la celebración de aquella asamblea, la asociación Jerusalén sigue existiendo y sigue activa al servicio de las familias palestinas en Roma y de la imágen palestina en Italia, mientras que aquellos de sus miembros que se habían retirado de ella se están volviendo de nuevo, paulatinamente y, una vez puesta en evidencia la jugada que había urdido la Comisión Preparatoria y los verdaderos objetivos de los encargados de ella, ya está empezando a recuperar el respeto de aquellos que antaño se habían ahuyentado de su lado después de quedarse probado para ellos que politizar las actividades sociales y culturales está condenado al más rotundo fracaso.

Madrid, 1991

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