La Asamblea (Relato) 1ª parte

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Relatos de Saiid Alami 2

La Asamblea (Relato) 1ª parte

La Asamblea

Said Alami

(Relato traducido del árabe por el autor)

El reloj de la salón de conferencias de la planta baja de un colegio mayor del principal campus universitario de Roma marcó las cinco de la tarde del primero de julio de 1989, mientras decenas de los veteranos miembros de la comunidad palestina se agopaban en los pasillos fuera de la salón junto a sus esposas, hijos y decenas más de estudiantes universitarios, muchos de ellos acompañados por sus amigas italianas, así como un nutrido grupo de nuevos inmigrantes y sus familias quienes fueron catapultados a Italia por las medidas y normas vejatorias adoptadas contra los palestinos en algunos países árabes así como por los acontecimientos que golpearon el oriente árabe en los años ochenta. Todos ellos habían acudido para participar en una asamblea de la comunidad palestina en Roma.

Nunca antes Roma había sido escenario de una congregacioón palestina de estas dimensiones. Por los pasillos se elevaban las voces de gente llamándose unos a otros y muchos se precipitaban a tomar entre sus brazos a otros muchos oyéndose las manos de unos dando golpecitos en las espaldas de otros mientras se oían las detonaciones de los besos  estallando sobre las mejillas y se elevaban las risas aquí y más allá interferidas por las carcajadas, al mismo tiempo que las interrogaciones, las bienvenidas y las expresiones de asombro se iban chocando entre sí repitiendo sus ecos las paredes del edificio estudiantil acostumbrado a lo largo de los últimos años a acoger actos políticos y culturales en los que los  conferenciantes superaban en número a la mitad del público.

- !!Hombre!! ¿Donde te estás hombre? ¿Donde te has metido todos estos años?.

-  Hola Mustafa. !¿Que hay de tí, hombre!? Me han dicho que te habías ido a vivir a Napolés.

-  Mira. Allí va Mahmud Al Afandi.!! Diós mío!! No le había visto  desde hace quince años. Discúlpame  un momento, voy a saludarle antes de que se pierda en el gentío.

- !Yusef...oye Yusef!. !!Pero hombre!!. !Diós!. ¿que hay de tu vida? ¿Así te olvidas de tu compañero de carrera? !!Dame un abrazo hombre!!

 

Antiguos amigos y compañeros de estudios durante los sesenta y los setenta se han juntado en aquella calurosa tarde,  olvidándose de lo que venían a hacer y perdiéndose en conversaciones en las que algunos han contado sus tristezas mientras que otros han desplegado en ellas las plumas de pavo real, a la vez que otros evadían encontarse cara a cara con sus compaeñeros y colegas del pasado para evitar descubrirse ante ellos desnudos sin nada que ofrecer ante los ojos de los demás. No faltó quien buscó entre el gentío determinadas caras a las que echaba de menos intensamente, contrincantes suyos para liquidar antiguas cuentas o deudores con infinitas artemañas para tragarse los derechos de los demás, de modo que no se engordan excepto de este modo. Otros se han precipitado de la mano de sus hijos e hijas para presentarlos a sus amigos y a los hijos de estos en un auténtico y apremiante  anhelo de establecer nuevos lazos de amistad entre los palestinos en estas tierras.

 

Grupos de esposas italianas se han congregado aquí y allá, amén de grupos de muchachos y jovencitos, tanto chicos como chicas,  mientras los niños corrían unos detrás de otros enmedio del gentío que provocó en ellos las energías de su infancia y su tendencia a la anarquía que les es prohibida en sus propias casas. Las niñas pequeñas  gritaban llamándose unas a otras mientras se pavoneabav con sus bonitas ropas como si estuvieran en una fiesta.

 

Y la verdad es que era como una auténtica fiesta para muchos de los miembros de la comunidad palestina en Roma que les embargaban, rodeados de sus pares y amigos, la alegría de estar entre palestinos cosa que tanto anhelaban lejos de la patria y lejos de las principales concentraciones de su dispersado pueblo. Pero en cuanto a otros asistentes, aquellos acostumbrados a mascar incesantemente los tejemanejes de la política, tan aficionados que son a intentar someter a los demás en nombre de un altisonante patriotismo que venían practicando desde los primeros años de sus carreras que no fueron terminadas por la mayoría de ellos, esta asamblea suponía una gran ocasión para resurgir en el escenario para seguir representando su eterna comedia y desempeñar su profesión de charlatanería política y patriótica, y de paso exhibirse con apariencia de personalidades de larga lucha, detrás de la cual ocultaban sus misirables condiciones personales compuestas por eslabones de fracaso siempre basadas en un solo fondo que se repite en la mayoría de estos casos y que no es otro que el fenómeno de parón del proceso de maduración psicológica en la edad de adolescencia.

 

En el seno de esta aglomeración se encontraba un grupo de jovenes a finales de su tercera década y principios de sus cuarenta, de quienes no se había trascendido papel político alguno a lo largo de las últimas dos décadas de su residencia en Italia que habían pasado estudiando y más tarde trabajando, período de tiempo este en el que eran conocidos por sus sentimientos de patriotismo palestino y árabe y por mantenerse fieles en su vida familiar a sus raíces y al acervo de sus ancestros. Este grupo de jovenes se mezcló con los demás asistentes en

 medio de saludos y bromas recíprocas y respondiendo a muchas preguntas acerca de esta asamblea, las circunstancias que rodearon su convocatoria y sus posibles resultados.

Este grupo de jovenes compuesto por profesionales de distintos gremios habían formado una asociación de miembros de la comunidad palestina a la que pusieron el nombre de Jerusalén. La asociación se hizo cargo de dar a concer a los italianos el lado cultural y cívico del pueblo palestino, además de inculcar y pulir el lado árabe en la personalidad de la segunda generación de la comunidad compuesta por niños y adolescentes nacidos en el seno de familias palestino-italianas. Esta asociación se había esforzado, desde su fundación hacía dos años por animar el mutuo conocimiento y el acercamiento entre los miembros de la comunidad palestina cosechando un notable éxito lo que atrajo a su seno a decenas de familias palestinas, máxime cuando nadie de entre los funcionarios oficiales palestinos y árabes en Roma había mostrado el más mínimo interés por esta comunidad o por otras comunidades árabes en Italia, ni les había importado un bledo su existencia.

 

En los corredores y espacios próximos al salón de conferencias el grupo perteneciente a la asociación Jerusalén recibió reprimendas de parte de algunos sinceros activistas palestinos a causa de la aceptación de la asociación de participar en la asamblea habida cuenta que la fama de sus organizadores les acreditaba como gente adicta a las proclamas políticas grandilocuentes, a la desorganización y a la improvisación. Estos reprendedores auguraron un fracaso estrepitoso de la asamblea, el fin de la asociación recién nacida y la desvanecimiento de cualquier actividad palestina honorable en el ámbito italiano, o sea, que estaban augurando el regreso al estado anterior al nacimiento de la asociación Jerusalén. La asociación recibió también otras reprimendas de parte de algunos rumiadores de la política por su participación en la asamblea como parte indepeniente acusándola estos, nuevamente, de ser una asociación burguesa, demagógica, incongruente y otras denominaciones que empollaron desde sus años de adoelscentes. Los miembros del grupo hacendoso escuchaban con una mezcla de paciencia y pena aquellas acusaciones y otras aun más graves que ya estaban aburridos de escuchar continuamente desde hacía meses.

 

Mientras, en el interior del salón de actos, que también se utilizaba para proyectar películas cinematográficas, un nutrido grupo de palestinos junto a sus correspondientes esposas habían ocupado parte de los asientos revestidos de tela roja a la espera de que se incie la asamblea cuyo comienzo estaba previsto para las cinco de la tarde. Muchos de ellos estaban enzarzados en conversaciones para matar el tiempo, y a la espera de que entren los restantes participantes en el salón de actos se afanaban en abanicarse utilizando para ello revistas, libros o abanicos tradicionales españoles con la esperanza de atraerse un poco de aire que les aliviara de la sensación de calor que se iba extendiendo espesamente entre los asientos cuyo color rojo rancio, que los revestía así como a las paredes y las moquetas, fuera la expresión viva del bochorno de julio que parecía estar encerrado en aquél recinto. En este grupo de personas había unos cuantos inmigrantes ya de entrada edad, recién llegados, que no habían establecido aun relaciones de amistad en Romay que habían preferido entrar en el salón de actos cuanto antes, a la espera de que se incie la asamblea.

 

Los politiquillos con mentalidad adolescente se afanaron moviéndose entre los corros de palestinos cuyo agolpamiento se hacía cada vez más tumultuoso y con las manillas del reloj acercándose ya de las seis de la tarde. Estos se distribuyeron en los corredores y vestíbulos, además que en in el interior del salón de actos, poniendo en práctica un plan previamente acordado tal como acostumbraron a hacer en sus días pasados en asambleas estudiantiles en Roma, Napolés, Milano y otras ciudades italianas, cargados de una mentalidad que no dejaba lugar a otra en sus cabezas. Estos habían formado, un año antes, una comisión preparatoria que albergaba un sólo objetivo por cuya realización trabajaron unidos noche y día a pesar de pertenecer a corrientes políticas distintas que se habían descollado a lo largo de las últimas dos décadas en ocuparse de una única tarea política en Italia consistente en enfrentarse unos a otros. En cuanto al objetivo que les había unido a lo largo del último año no era precisamente enfrentarse a la campaña propagandística israelí que arreciaba en el país, pues esta campaña  está en su apogeo desde hace años sin que les causara la más mínima preocupación, sino que el objetivo por el habían aunado sus asfuerzos no era otro que el acabar con la asociación Jerusalén la cual, con su trabajo y su actividad, había puesto en evidencia la desidia y la apatía de ellos. Sí, el excelso objetivo por el que estos individuos se habían aliado era la formación de una nueva asociación que sustituya y suprima a la ya existente y, por lo tanto, que acalle la única voz que entonaba el canto de la civilización árabe-palestina a oídos de la sociedad italiana.

 

Los miembros de la Comisión Preparatoria y sus seguidores se esmeraron en incitar a los asistentes a oponerse a los encargados de la asociación Jerusalén, atribuyéndoles las más horrendas acusaciones y prometiendo a sus escuchantes que la nueva asociación será grande, fuerte y democrática y que derrotará  la propaganda israelí en Italia, además de otras promesas de prestar a la comunidad palestina en Roma servicios tan amplios como los cielos y la Tierra juntos.

 

Las dos partes, Comisión y Asociación, habían negociado a lo largo de los dos meses anteriores a la celebración de la Asamblea bajo la supervisión de una entidad palestina oficial e imparcial que se esforzó por aunar los esfuerzos de ambas partes. Y al tiempo que la asociación Jerusalén demostraba su disposición a convertir en realidad esta unión, la Comisión, encaebzada por Abu Isa, un médico psiquiátra que aducía una pretendida y larga lucha contra el Sionismo, insistía y se aferraba, sin rodeos y sin ningún reparo, a la necesidad de que la asociación Jerusalén se autodisuelva y ponga fin a sus actividades.

 

Fueron del todo inútiles los esfuerzos de los que llevan la Asociación y del representante de la entidad oficial palestina para convencer al doctor Abu Isa y a los representantes de las tres facciones palestinas que le apoyaban del hecho de que la mencionada exigencia de desmantelar la asociación era a todas luces inviable, pues !!¿como se puede asumir que un palestino exija la disolución de una asociación palestina que se afana en la presentación del rostro cívico palestino y en la prestación de servicios a las familias palestinas en un país europeo máxime cuando la Comisión que formula tal exigencia en realidad no existe sobre el terreno y cuando no había hecho a lo largo del año que pasó desde su aparición excepto ofrecer promesas y jurar repetidamente por las almas de los mártires, venga o no  a cuento, que sus intenciones son nobles y que no pretende excepto servir a la causa palestina?!!.

 

Las sesiones de negociación entre Asociación y Comisión a veces duraban la noche entera, sin resultado alguno, y con un extraño empecinamiento por parte de la Comisión que seguía exigiendo la autodisolución de la Asociación con el pretexto de que esta no era democrática.  La tensión llegó a su punto álgido en una de de las sesiones que duró hasta acabada la noche, cuando el representante de la entidad oficial palestina fue presa de lo que parecía una crisis nerviosa en el curso de la cual volcó su ira sobre Abu Isa con un torrente de acusaciones contra este en las que expresaba sus dudas acerca de las verdaderas intenciones del psiquiátra y y acerca de si la Comisión estaba tomando sus decisiones libremente o si había alguna otra parte oculta detrás de ella, ya que esta, con su exacerbado empecinamiento y su negación a alcanzar acuerdo alguno con la asociación Jerusalén que no incluya la disolución de la misma, parecía más bien como si estuviera negociando con Israel o como si tuviera la más mínima autoridad sobre la Asociación que funcionaba acorde con la legislación italiana y con la aprobación de la entidad oficial palestina.

 

Con este espiritu dañino la Comisión había convocado esta asamblea palestina para lo cual los seguidores de las corrientes políticas que la formaban se habían afanado a lo largo de las semanas previas a su celebración en difamar a los de la asociación Jerusalén, invirtiendo en esta tarea todo su tiempo máxime cuando algunos de ellos no tenían otra ocupación a lo largo de sus días excepto el politiqueo. En cuanto a los miembros de la Asociación, siendo todos gente con empleos y negocios, invirtían sus escaso tiempo libre en la planificación para algún festival o acto cultural palestino, en editar su bolitin en italiano, en los ensayos de su grupo folklórico palestino, o en preparar excursiones para su grupo de senderismo que recientemente habían formado.

 

-2-

 

     El reloj marcó las seis de la tarde y los presentes en el salón de actos empezaron a quejarse ya que el inicio de la asamblea estaba previsto para las cinco, ante lo cual algunos de los miembros de la comisión se apresuraron a llamar a los agolpados en los vestíbulos para que vayan entrando en el salón de actos, y a estos llamantes les siguieron al rato otros para llamarles a ellos ya que estos se habían desvanecido entre el público presente y en medio de aquella algarabía. No sólo eso, sino que algunos de los agolpados en los corredores se habían trasladado al exterior del edicficio hyuendo del sofocante calor del interior, formándose corrillos junto a la entrada principal y oyéndose los gritos de unos y los insultos de otros contra unos terceros que no les podían oír en aquellos momentos por encontrarse en el interior del edificio.

 

En uno de estos corrillos se encontraba un profesor universitario palestino conocido por su compromiso dentro de un grupo religioso musulmán. El profesor estaba injuriando a otro palestino perteneciente a su vez a otro grupo religioso musulmán a causa de que el calumniado había presentado su candidatura dentro de una lista de nombres cuyos componentes se habían ofrecido para dirigir la nueva asociación que sería constituida en la asamblea y sustituirían así al equipo encabezado por Abu Isa. Este profesor era conocido por oponerse a todas las corrientes políticas representadas en la comisión, pero también era conocido por su enemistad hacía todo aquello que no cuente con su participación, contra todo proyecto que no encabece él mismo y contra toda agrupación de la que no forme parte. El profesor cargó contra aquél hombre  ausente tan brutalmente a oídos de los presentes hasta el límite de contarles a estos lo que según él era la historia detallada de la vida de aquél, explicándoles además que la fortuna que posee en realidad la había heredado de su mujer recién fallecida.

 

Atónito, escuchó estas palabras un farmacéutico perteneciente a la asociación Jerusalén, quien se enfrentó abiertamente a aquél profesor reprendiéndole  y llamándole la atención sobre el hecho de que, jactándose como se jactaba de ser un hombre religioso y practicante, se permitía injuriar a un compatriota suyo de aquella forma por el mero hecho de que aquél pertenece a otro grupo religioso, lo que hizo que profesor y farmacéutico se enzarzaran en una fuerte discusión que finalizó con el profesor jurando votar, él y su grupo, contra la asociación Jerusalén, y contestándole el farmacéutico que lo importante no son los votos obtenidos porque estos no beneficiarán en nada a aquellos que les obtienen si luego no trabajan ni se sacrifican por el bien de los demás,  e invitándole a recordar las palabras de Allah, el Altísimo:"Dí esforzaros y Diós, su profeta y los creyentes verán vuestro esfuerzo", abandonando acto seguido aquél corillo.

 

No se había alejado unos pasos cuando lo abordó un hombre barbudo perteneciente al grupo religioso del que es antagonista el profesor universitario, rodeándole con su brazo derecho y hablándole con aires  de pseudo-jeques al tiempo que le dirigía una mirada cargada de autocomplacencia y de autosuficiencia, como si le estuviera mirando desde alturas celestiales:

- ¿como estás Saad?, le preguntó, ¿!Que te pasa hombre que no te vemos por la mezquita ni siquiera los viernes!?. Alabado sea Dios.

 

Saad se mostró amable con aquél hombre aunque recibiendo sus palabras algo hastiado ya que había respondido a aquella pregunta útlimamente en repetidas ocasiones, a pesar de lo cual le contestó con una sonrisa y mostrándose alegre, y cómo no, tratándose de un ex-compañero de estudios:

- Oye Abdesattar, hasta el momento os dije veinte veces que la oración del viernes coincide con el inicio de mi horario laboral, así que, ¿qué quieres que haga? !¿Acaso tengo que publicar un anuncio en la prensa cada viernes para que os haga recordar que hay quien se ausenta de la oración del viernes por motivos forzosos o es que te has olvidado de que estamos en un país que no otorga importancia alguna

 al horario de nuestras oraciones?!.

 

Hablaba alegremente con una amplia sonrisa sobre sus labios, pero hablaba firmemente con la esperanza de que Abdesattar llegue a comprender sus palabras aunque sea por una sóla vez. Pero el pseudo-jeque volvió a la carga dirigiéndose a él con el mismo tono de autocomplacencia pero esta vez mirándole por encima de las lentes de sus gafas que colgaban sobre el extremo de su naríz imitando así a los jeques de avanzada edad aunque no había alcanzado aún los cuarenta años:

- Entoncés, le dijo, ¿Por qué no asistes a las clases de religión que damos en la mezquita por la noche?.

 

Al oír esto, Saad decidió decirle a Abdesattar unas palabras que desde hacía tiempo ansiaba decírselas a él y a los otros pseudo-jeques de Roma cada vez que surgía entre él y alguno de ellos este mismo diálogo. Así que, aprovechando que estaba con su interlocutor a solas, le dijo mientras le agarraba su hombro derecho:

- Abdesattar.

- Dime, respondió Abdesattar.

 - ¿Quien da estas clases?.

- ¿Por qué?.

– Me gusta saber antes de asistir a vuestras clases quien sería mi venerable profesor.

Abdesattar carraspeó y movió ambas pupilas hacía la derecha y hacía la izquierda como para asegurarse de que no había nadie cerca de ellos dos una vez que percebió el tono desafiante en las palabras de Saad. Sabía que aquél hombre plantado delante de él no acostumbra a adular a nadie excepto por mera educación y conocía en él a lo largo de muchos años un hombre atrevido que no se deja amedrentar por nadie. – Las clases las damos Abul Ala'a y yo, respondió Abdesattar, desvaneciéndose  totalmente en su voz el tono de autocomplacencia.

Una irónica sonrisa se dibujó sobre los labios de Saad sabedor como era de como Abdesattar había abandonado sus estudios desde hacía largos años refugiándose después en la religión y adoptando más tarde esta figura de pseudo-jeque que convirtió en una profesión desde la cual procuraba controlar a los demás.

- ¿no te referirías a Abu Al-Ala Al Maarri?, dijo Saad con la sonrisa aun en sus labios. (1)  

-Tu lo conoces, respondió Abdesattar, estudió con nosotros hace 15 años.

Saad no quiso dirigir las palabras a Abdessattar directamente:

 - ¿No hay entre los que dan estas clases de religión, se limitó a preguntarle con algo de ironía, alguién que haya estudiado en las universidades  Charia islámica, teología islámica, filología árabe, Filosofía de El Corán, lógica, historia del islam, recitación coránica, economía islámica o cualquiera otra carrera religiosa unversitaria?.

 

Abdesattar permaneció en silencio mientras miraba a Saad por encima de las lentes de sus gafas y habiendo entendido muy bien lo que Saad había querido decir.

- Entoncés es más conviniente que estas clases de las que me hablas, continuó diciendo Saad, se limiten a los niños y adolscentes de entre nuestros hijos, además de cierto estrato social de inmigrantes musulmanes en este país, ¿A que estás deacuerdo conmigo querido Abdesattar?.

 

Los dos hombres caminaron juntos hacía la sala de conferencias sin intercambiar más palabras por compasión del uno hacía el otro, y en cuanto alcanzaron su puerta se separaron en busca cada uno de su

camarilla.

-3-

 

La hora se acercaba de las seis y media de la tarde cuando la sala de conferencias se había llenado de un público palestino-italiano, mientras, los miembros de la Comisión Preparatoria habían ocupado el escenario encabezados por Abu Isa, con su rostro ceñudo, bigote poblado y recto colocado encima de lo que parecía una boca carente de labios. Pero nadie de entre los asistentes, sean hombres, mujeres  o niños, le hizo caso alguno, continuándose imparables los diálogos y conversaciones en grupo, especialmente entre decenas de estudiantes y sus respectivas novias. Los niños correteaban por los pasillos entre las filas de asientos mientras se elevaba el llanto de algún que otro bebé pidiendo el pecho de su madre; se le oía a alguno llamar a su amigo  gritandole de lejos con todas sus fuerzas; y decenas de manos se movían nerviosamente agarrando periodicos, libros, abanicos o cualquier otra cosa capaz de atraer algo de aire, al tiempo que alguien pedía chillando que se abran las ventanas "o sucumbimos", decía, pero nadie le hizo el menor caso.

 

-              Abu Isa intentó atraer la atención, repitiendo en tono forzadamente educado unas frases y expresiones ante el micrófono plantado delante de él, sin embargo parecía que él se hallaba en un mundo y el público de la sala en otros distintos. De repente, el hombre estalló, con la cara poniéndose cada vez más congestionada:

-              - !Hermanos!, gritaba a través de los megáfonos, !Porfavor hermanos!, !un momento hermanos!.

 

El público se quedó estupefacto ante los tremendos gritos cuyo contenido sólo comprendieron los que hablaban árabe, reinando el silencio, mientras el llanto de los niños se hizo más fuerte asustados como estaban a causa de los gritos, al tiempo que se oía alguna risa ahogada y Abu Isa seguía hablando, muy tenso, dirigiéndose a los allí congregados en lengua árabe.

 

No habían pasado más que unos minutos cuando un palestino de entre los asistentes le interrumpió, con voz alta, diciendo en castellano:

- Casí la mitad de los presentes aquí son nuestras mujeres y nuestros hijos que no hablan excepto italiano, y nosotros, los palestinos aquí presentes, hablamos también este idioma, ¿Que necesidad existe entonces de utilizar la lengua árabe?.

 

Estas palabras tuvieron de inmediato un efecto casí milagroso para la mayor parte de los asistentes, alzándose proclamas y frases de apoyo hasta tal punto que el hombre que hablaba tuvo que callarse, sintiéndose satisfecho ante el amplio respaldo que provocaron sus palabras en las que pedía que Abu Isa hablara en italiano o que se tradujeran sus palabras a este idioma. Algunas esposas italianas alzaron sus voces desde sus asientos dirigiéndose a la Comisión Preparatoria cuyos miembros estaban plantados cuales estatuas sobre el escenario mirando pasmados al público, con la vista perdida, presa del pánico ante la reacción mujeril italiana en la sala y que a su vez había encontrado total apoyo de parte de maridos e hijos.

 

Ni los miembros de la Comisión ni su presidente supieron que hacer al ver como la asamblea se les escapaba de la mano cuando aún no habían pasado más que unos minutos desde su inico que había tenido lugar una hora y media después de lo previsto. Empezaron a discutir entre ellos acerca de como salir de aquel embrollo, al tiempo que se propagaron por la sala nuevamente las conversaciones colaterales y masivas cual fuego que se propaga en hierba seca. Los presentes, hombres y mujeres, se afanaron en expresar sus opiniones ante aquellos que estuvieran sentados cerca de ellos, acerca de aquella grave cuestión del idioma que debiera ser utilizado en la asamblea. En estos momentos chilló de nuevo aquél que había chillado antes pidiendo otra vez que se abran las ventanas "o nos convertiremos en cadaveres mal oleintes", decía, pero nadie le oyó.

 

En distintas partes del salón de actos algunos asistentes se esforzaban enormemente en hacerse oír entre el resto de los presentes, poniéndose en pie y expresando profusamente en voz alta su opinón en el tema, pero la algarabía era más fuerte que su máxima capacidad de gritar y sólo los de los asientos cercanos a ellos les podían oír, de entre los cuales algunos se enzarzaban con el correspondiente parlante, sea hombre o mujer, en una violenta discusión o en una encendido apoyo.

 

De repente, la algarabía fue literalmente arrasada por una voz demoledora voz, hacía cuyo origen se dirigieron los ojos, encontrándose con una señora de basto aspecto, que aparentaba tener unos cincuenta años de edad, con un cabello canoso que dejaba ver una  calva que brillaba a pesar de que se había intentado ocultar con algún mechón que dejaba ver más de lo que ocultaba, ataviada con un vestido que parecía más bien hecho para ser usado exclusivamente en la cocina de su casa a pesar de lo que se sabía entre los árabes de Roma acerca de ella y de su marido de riqueza y fortuna que habían traído con ellos procedentes de uno de los países árabes del Golfo cuando llegaron a Italia hacía cinco años. La mujer, conocida como Um Nafed, gritaba con todas sus fuerzas, diciendo en dialecto palestino, con su rostro moreno completamente congestionado hasta ennegrecerse:

- !¿Para qué vamos a hablar en italiano?!. !Faltaría más!. !¿Os habéis olvidado de que sois árabes!?. !¿O ya sois extranjeros desde el día en que os habéis casado con estas italianas!?. !No tenéis vergüenza!.

La señora quería seguir con su arenga, aprovechando que el bullicio en la sala se había debilitado, pero uno de los médicos presentes la interrumpió diciéndola con mucha firmeza y en voz alta:

- Te rogamos que te hagas respetar Um Nafed pues no nos faltaba más que tú. Esta es una asamblea a la que acudimos junto a nuestras esposas e hijos para escuchar y entender y no hemos venido para escuchar arengas huecas. Si no entiendes italiano después de cinco años de residencia en Roma es tu problema y allá tú.

 

Al oír lo que dijo el médico, el marido de Um Nafed se puso de pie gritandole al doctor Fuad con una voz no menos demoledora que la de su distinguida consorte:

-  Oye tú, tén un poco de vergüenza. ¿No te avergüenzas de hablar así a una señora?. ¿Es que crees que la asamblea va a ser como tu quieres o qué?.

El médico quiso contestarle, pero su amigo, sentado al lado, le tiró de la mano para que se sentara, diciéndole en voz baja:

- Siéntate hombre y no te enzarces con esta gentuza. No te denigres de este modo. Dejales que hablen en chino si quieren.

Pero Um Nafed volvió a gritar dirigiéndose al público y ya echando chispas de rabia, con sus manos volando en todas las direcciones y golpeandose el pecho con ellas, mientras que los hombres traducían a las mujeres lo que sucedía de discusión:

-!¿A caso os creéis hombres?!. Os habéis ido a casaros de fuera de vuestra tierra, y ahora os creéis convertidos en personalidades y no queréis hablar en árabe. Os habéis ido a casaros con las putas...malditos sean vuestros padres.

La mujer parecía haber perdido la cabeza pronunciando aquellas palabras, por lo que su marido, Abu Nafed, se abalanzó sobre ella para obligarla a sentarse, dándose cuenta de repente de la gravedad de lo sucedido y encontrándose con que su mujer, y por enésima vez, se había pasado demasiado, por lo que empezó a reprenderla mientras que ella intentaba zafarse de sus manos para seguir con su feroz ataque contra las italianas y sus maridos palestinos, hasta que el hombre la gritó con todas sus fuerzas:

- !Sientáte ya!...!Basta!...Es suficiente... nos has puesto en ridículo maldita seas.

Pero la mujer brincó poniéndose de pie de nuevo, gritandole a su marido:

- Pues no me voy a sentar. A la mierda con todos ellos.

 

Al tiempo que se empezaban a alzar muchas voces en árabe e italiano, devolviéndole a Um Nafed los insultos, el enfrentamiento entre esta y su marido se hacía cada vez más enconado hasta el límite que parecía que  él que la iba a pegar a ella y que ella le iba a pegar a él, si no fuera por la intervención de Sabry, que les observaba de cerca y se apresuró a separarles exlamando:

- No tentéis al diáblo. Es una vergüenza que os comportéis así delante de la gente.

 

 Abu Nafed abandonaba la sala de conferencias empujando delante de él a su mujer quien caminaba delante de su marido dando botes cual camioneta rodando por un camino escarpado. Ambos, marido y mujer, abandonaban la asamblea presos de un desmedido arrebato de cólera, mientras algunos asistentes, hombres y mujeres, se retiraban de la sala de conferencias después de haber comprobado que estaba sucediendo lo que se habían temido que pasara de consabido caos acostumbardo en las asambleas palestinas a las que habían asistido con anterioridad. Otras familias habían abandonado el lugar nada más oír aquellos insultos y haber detectado en el transcurrir de la asamblea un nivel tan bajo que no podían soportar.

 

Una señora palestina, joven, esbelta, de cabello negro que caía sobre sus hombros, rostro de delicados rasgos y piel blanca, de cuyos ojos emanaba el magnetismo de un fuerte y consciente carácter, se puso de pie y dijo en italiano fluido, dirijiéndose a las mujeres italianas, a la vez que se le sonrojaba la cara avergonzada de lo que Um Nafed había hecho:

- Ruego disculpas que en mi nombre y en nombre de las señoras árabes presentes aquí por las despreciables palabras proferidas por Um Nafed. Todo lo contrario, os damos las gracias de todo corazón por asistir a esta asamblea y por haber traído con vosotras a vuestros hijos en lo que considero el más alto grado de expresión de vuestro firme apoyo a vuestros maridos palestinos y de vuestra salvaguarda del lado árabe de la identidad de vuestros hijos. Nosotras, las mujeres palestinas residentes en vuestro gran país conocemos lo mucho que hicieron muchas de vosotras a través de años de amistad en los que nos percatamos de vuestra continuada defensa de la causa de nuestro pueblo palestino. Creedme queridas amigas que estáis llevando a cabo una labor en la que quedan atrás, y a mucha distancia, algunas señoras palestinas residentes en Italia junto a sus maridos palestinos.

Por primera vez en aquella tarde, la sala estalló en aplausos, mientras que aquél que había chillado antes dos veces pidiendo que se abran las ventanas volvía a chillar de nuevo, con el calor ya alcanzando un grado insoportable, que "abrir un poco las ventanas o no tardaremos en ir todos al lado de nuestro Señor". Esta vez otras voces se hicieron eco de sus palabras pidiendo unos a otros que abran las ventanas a lo que respondieron dos o tres estudiantes jovenes saltando hasta alcanzar las ventanas que están encima de la última fila de asientos pudiendo abrir algunas.

 

La Comisión Preparatoria se había desperdigado y sus miembros se habían dispersado entre el escenario y las filas de asientos, incluso algunos de ellos mantenían conversaciones frenéticas en los vestíbulos fuera de la sala de conferencias en búsqueda de solución al problema del idioma que se ha de utilizar en la asamblea. Una señora española, bastante indignada, alzó la voz dirigiéndose a Abu Isa quien en ese momento se encontraba en plena discusión con otra persona sobre el escenario:

 - !!Pero que caos es este!! Nos habéis invitado a una asamblea que se suponía que debía de comenzar a las cinco de la tarde y ahora son casí las siete y media y aún no hemos empezado y nuestros niños ya no aguantan más y algunos de nosotros dejaron a sus niños al cuidado de una familiar o una amiga con lo que no podemos esperar horas hasta que sus señorías alcancéis un acuerdo acerca del idioma de la asamblea. ¿Es que no comprendéis que es lógico que hablemos en italiano ya que todos aquí lo hablamos? Y  si no !¿A que venimos nosotros los españoles a esta asamblea?!. !¿Por qué no iniciamos de una vez por todas esta asamblea?!.!¿A que esperáis vosotros los que nos habéis invitado y nos habéis traído desde nuestras casas?!. !Es que creéis que nuestro tiempo es despreciable hasta este punto!.

 

Al escucharla, una señoara palestina que aparentaba tener unos sesenta años, elegante, de entre los nuevos llegados aItalia, se puso de pie y dijo a su vez, en árabe:

- Pero aquí hay personas que no hablamos español y no lo entienden bien, soy una de estas personas, y yo pregunto por mi parte ¿para que hemos sido invitados a esta asamblea a sabiendas de que no ibamos a entender nada de lo que ocurre en ella?. Está claro que quienes nos han invitado a esta asamblea no tienen la suficiente capacidad ni siquiera para invitarnos a tomar una taza de café, y no ya a una asamblea que se debía haber preparado con seriedad y sin esta ridiculez.

 

Se oyeron en la sala unas risas, y en la primera intervención de la Comisión Preparatoria desde que una hora antes había estallado el problema del idioma uno de sus miembros que se encontraba sobre el escenario intentó arrebatar la palabra de la señora palestina pero esta se volvió hacia el escenario y dijo con voz firme y diálecto jerosolimitano:

- !Es que no os avergonzáis de vosotros mismos! ¿Que es lo que habéis preparado siendo una comisión preparatoria y ya lleváis constituidos como tal un año?. ¿Es que nos habéis traído aquí simplemente para que os elijamos para dirigir la nueva asociación y para aseguraros haber acabado con la asociación que ya existe y que ha probado ser activa y eficaz al servicio a la comunidad?. Nos hemos quedado ya enterados de vuestro estilo y de la estrechez de vuestro horizonte a lo largo de las dos horas transcurridas en esta sala, y Diós mediante no os va a elegir excepto aquellos que sean de vuestra calaña.


La sala estalló en aplausos ante las palabras de aquella señora al tiempo que se alzaron voces en árabe mofándose de ella y pronunciando unas palabras soeces que provocaron la cólera del farmacéutico Yazid quien se estremeció poniéndose en pie mientras hablaba muy enojado y dirigiéndose a un puñado de estudiantes que se hallaban sentados en una de las esquinas de la sala, cada uno con su amiga al lado, y que no habían dejado de armar jaleo ni de reírse:

- Si vuestro nivel es el mismo que el de las palabras soeces que habéis proferido os aconsejo que será mejor para vosotros que os permanezcáis en silencio, si no, las consecuencias serán nefastas, ya que si sois tan viles que no respetáis a una señora palestina de la edad de vuestras madres os aviso que en esta sala hay hombres capaces de enseñaros como respetar a los demás.

 

La pandilla de estudientes, percatándose de la gravedad de la situación, permaneció en silencio mirándose sus componentes unos a otros como aparentando que no consideraban que las amenazas de Yazid iban dirigidas a ellos y, por lo tanto, negando haber sido ellos los que proferieron aquellas palabras soeces. Cuando Yazid se iba a sentar de nuevo se oyó una voz muy alta diciendo en tono brlón:

- Sin lugar a duda este hermano nuestro pertenece a la burguesa asociación Jerusalén y seguro que sus nervios aristocráticos ya no aguantan más. ¿Es que no hay en la sala quien pueda tranquilizarle?.

 

Estas frases fueron seguidas de risas y burlas que se mezclaron con la fuerte algarabía que seguía envolviendo la sala originada por decenas de conversaciones marginales relacionadas o no relacionadas en absoluto con la asamblea. Yazid, al oír el comentario burlón, se puso de pie nuevamente y dijo con su voz más alta, sin dirigir sus palabras a nadie en concreto:

- La desgracia es que la mayoría de los presentes en esta sala nos conocemos unos a otros desde los días de la Unión de Estudiantes, cuando eramos aún chavales y celebrábamos asambleas como esta. Nos conocemos tanto hasta tal punto que idetificamos bien las voces y a quienes pertenecen, incluso si estos se esconden. Y el de la voz graciosa sabe que lo conozco desde hace años. Claro que soy de la asociación Jerusalén y estoy orgulloso de pertenecer a esta asociación que tú has venido aquí para conspirar contra ella.

 

El bullicio en la sala se hizo más intenso nada más acabar Yazid de pronunciar sus palabras ante las cuales algunos aplaudieron con entusiamo mientras que otros se lavantaron para atacar a Yazid y a la asociación Jerusalén acusándo a esta de pecados mortales. Muchos de los asistentes se habían agolpado junto a las dos puertas que dan acceso a la sala y algunos de ellos se pusieron de pie en los corredores mientras que los otros no se movían de las dos grandes puertas en lo que parecía una espera hasta conocer en que iba a terminar aquella magna discusión y si la asamblea por fin arrancaba o no. No era pequeño el número de familias que se habían retirado ya de la asamblea hasta aquél momento, al tiempo que el fuerte griterío que tronaba en la sala, donde todos sudaban copisoamente a causa del intenso calor, se veía reforzado por el vocerío procedente de los dos portales donde los que se agolpaban allí estaban inmersos también en un torrente de discusiones.

 

Uno de los asistentes al acto se respaló mientras caminaba de vuelta hacía su asiento. Otro, tímido él, se cargó de valor negándose a ser un desconocido en semejante asamblea poniéndose de repente de pié como si lo hubiera picado un escorpión traícionandole la lengua una vez tras otra mientras las palabras brotaban de su boca a trombas que chocaban unas contra otras a causa de su intensa timidéz y así estuvo a lo largo de casí cinco minutos durante los cuales nadie de entre las pocas personas que pudieron oírlo comprendió nada, excepto palabras sueltas como "democracia"... "la consciencia revolucionaria"..."el compromiso"... y "orinarse en la malaria". Alguien que escuchó esto último se apresuró, atónito, a preguntar a un compañero suyo acerca de lo que quería decir ese que acababa de hablar con eso de "orinarse en la malaria" pero su compañero le aseguró que aquel hombre no había dicho eso sino que dijo "proletariado". Ambos se inclinaron hacia una chica italiana que estaba sentada en el asiento delante de uno e ellos y la preguntaron acerca del significado de la palabra "proletariado" que aquel titubeante había pronunciado, a lo que esta contestó que esta palabra se refiere a una variedad de trigo ruso.(2) Cuando el titubeante en cuestión se percató de que nadie aún le había interrumpido ni le había insultado preferió callarse y quedarse tranquilo guardando su saliva y el embrujo de sus palabras para otra asamblea más misericordiosa que esta.

 

Al tiempo que se enconaban las discusiones de toda clase una señora Italiana chillaba al oído de la mujer árabe sentada a su lado aleccionandola en la preparación del guiso de los canelones, mientras que su escuchante iba apuntando sus notas al dorso de de la primera hoja del discurso de apertura de la asamblea, que estaba previsto que pronunciara Abu Isa en nombre de la Comisión Preparatoria.

 

A través de la megafonía se oyó una voz grave que pedía silencio al público, en un tono educado y en italiano, con lo que todos los presentes dirigieron sus miradas hacia el escenario donde constataron que el que les hablaba era un hombre conocido por sus actividades políticas de antaño que abandonó desde hacía años para dedicarse de lleno a su profesión de médico. Los palestinos veteranos en España conocían muy bien el apoyo de este médico a la formación de la nueva asociación y la disolución de la asociación Jerusalén, pero al mismo tiempo conocían de él su gentileza y su alto nivel cultural.

 

El hombre habló diciendo, mientras se ahogaba el bullicio cual corcel embridado y sujeto por un momento pero que siguía resoplando deseoso de galopar de nuevo:

- Hermanos. Permitidme subir al escenario por unos momentos para invitaros e invitar a la Comisión Preparatoria a emprender de inmediato los trabajos de la asamblea y no perder más tiempo. Naturalmente tenemos que hablar aquí en Italiano puesto que la lengua que habla la aplastante mayoría de nosotros. Sugiero que iniciemos la asamblea elegiendo un comité de presidencia que se encargue de conducir sus trabajos, pero antes de esto os pido un minuto de silencio en señal de luto por las almas de los heróicos martires de la Intifada.

 

El público de la sala se puso de pie permaneciendo reverentemente en silencio, hasta que el médico, desde su sitio en el escenario, le pidió sentarse de nuevo. La asamblea parecía a punto de iniciarse de verdad por lo que aquellos que se encontraban en los vestíbulos fuera de la sala se precipitaron hacía ella para conocer lo que acontecía  asombrados por la remisión de la tempestad que tenía lugar en su interior y sorprendidos por el sonido del silencio que emanaba de su interior.

 

-4-

 

De una manera que sólo saben hacer los árabes, especialmente de entre ellos los palestinos, el público asistente procedió, ya pasadas las 9 de la noche, a elegir un comité de presidencia de la asamblea compuesto por 4 hombres palestinos y una mujer italiana. En cuanto a la manera con que fueron elegidos, esta no fue comprendida por muchos  de los presentes, ya que, además de haber sido llevada a cabo utilizando un idioma compuesto árab-italiano cuyo uso era común entre los veteranos árabe-italianos, su mecánica era cargada de lo que se podía denominar hechos consumados que no fueron comprendidos excepto por un pequeño puñado de personas de entre los seguidores de las distintas corrientes políticas palestinas, quienes en aquella tarde-noche tuvieron la ocasión de volver a practicar la profesión de "susurrar al oído" y de moverese incesantemente entre las filas de asientos donde cada una de estas personas indicaba a los miembros y seguidores de su propia corriente política que tenían que votar a fulano y que cuidado con votar a mengano. Después, en un escaso cuarto de hora, se oyó repetirse en la salón de conferencias las consabidas consignas de "yo propongo a fulano como candidato", "yo secundo la propuesta de candidatura de fulano" y  "yo propongo la candidatura de mengano", etc. Así fue como había sido elegido el comité de presidencia de la asamblea.

 

Y también como por ensalmo fue elegido el doctor Ismael

 presidente de la asamblea de entre los cinco subidos al escenario  al tiempo que lo abandonaban los miembros de la Comisión Preparatoria. Esta vez nadie supo, ni siquiera aquel pequeño puñado de seguidores de las distintas corrientes políticas, como se desarrolló la elección del presidente, pero la mayoría de ellos se callaron a regañadientes puesto que este pertenecía a una corriente política fuerte y cualquier manifestación en contra de su elección sería suficiente para sumir la asamblea en otras dos horas de caos máxime cuando el caballao del bullicio seguía resoplando en la sala.

 

Cabreado, el doctor Ismael enseñaba sus colmillos en lo que parecía una sonrisa, adquiriendo el semblante de quien acaba de agarrar la presa largamente codiciada, dedicándose a pasear su mirada por el salón de conferencia con sumo desprecio, mientras que las caras se inclinaban unas hacía otras y las bocas susurraban entre preguntándose por el nombre del presidente y mofándose de la mascara de grandeza con la que cubría su rostro muy moreno. En cuanto a los otros cuatro miembros del comité de presidencia, estos se encontraban sentados en una fila de sillas detrás del presidente y así permanecieron sin articular palabra a lo largo de la asamblea.

 

El murmullo en la sala iba subiendo de tono ante el prolongado silencio del presidente cuyo grueso labio inferior dejó al descubierto unos dientes ennegrecidos como resultado de su adicción al tabaco. Y sin mediar palabra el hombre dejó caer su puño  sobre la tribuna, golpeándola fuertemente y produciendo a través de los megáfonos un estruendo parecido a una explosión ante lo cual una señora italiana, asustada por el golpe, exclamó al oído de su marido que estaba sentado a su lado:

- !¿Es que no teneis otro presidente mejor de este los palestinos?!.

 

El presidente sustituyó su sonrisa crispada por un cabreado rostro sonriente diciendo con un tono feroz que se abalanzaba literalmente sobre los presentes mientras que la alta mesa seguía vibrando delante de él a consecuencia del fuerte golpe:

- !!Vaya...vaya...vaya!!

Lo dijo en árabe, permaneciendo a continuación en silencio mientras que con su mirada examinaba los presentes, antes de proseguir diciendo en italiano:

 - !¿Acaso es la primera asamblea a la que asistis!? Yo no voy a permitir de ninguna manera que se repita el caos que paralizó los trabajos de esta asamblea y que casí provoca su fracaso después de que su preparación requerió un año entero gracias a la Comisión Preparatoria a la que damos las gracias por sus esfuerzos puestos a vuestro servicio. !¿Pero que es eso?!. Casí no puedo cree lo que veo con mis propios ojos y que este sea nuestro nivel. Tres horas habéis pasado en un estado lamentable de algarabía y sandeces. !Basta ya de caos!.

Dijo estas últimas palabra mientras de nuevo dejaba caer su mano con toda su fuerza sobre la tribuna provocando un estruendo muy fastidioso a través de los megáfonos. Ante esto último uno de los asistentes gritó al presidente en diálecto palestino:

- !!Pero tío!!. Venga ya hombre...solo nos faltabas tú!!.

Otro exclamó:

- !¿Que pasa doctor, vienes a enseñarnos democracia!?. !¿A quién vas a engañar!?.

Un tercero dijo en italiano:

- Por favor doctor Ismael, dejános ya de los discursos a los que nos tienes acostumbrados desde hace veinte años.

El que hablaba, ya perdida su paciencia, prosiguió hablando en diálecto palestino:

- Ya conocemos estos discursos tuyos de memoria. !¿Es que tu en cada reunión tienes que venir a amargárnosla. Venga ya hombre, termina que queremos irnos a nuestras casas.

 

Una señora italiana se levantó y dijo dirigiéndose al presidente:

- Yo no comprendo nada. La Comisión Preparatoria estaba sentada en tu lugar hace unos minutos, y ahora ¿A donde se ha ido la Comisión Preparatoria?, ¿Y quién eres tú?, ¿que haces en la tribuna?,  ¿Y quienes son los cuatro sentados detrás de tí y cual es su misión?.

 

El doctor Ismail se puso histérico al ver la reacción de los asistentes cuando ya se había creído que les había deslumbrado con sus palabras y que estaba sujetando con fuerza la brida de la asamblea. Así que, de repente su cara se congestionó, hasta el punto de que algunos pensaron que sus yugulares, muy hinchados, estaban a punto de estallar, empezando él a revolverse y a inflarse en su asiento cual pájaro que ahueca el plumaje, y de repente cascó fuertemente la mesa delante de él nuevamente y dejó que su boca se explosionara con un torrente de palabras que se iban lanzando mezclados con abundantes gotas de saliva, diciendo en árabe, tronando y desafiando a personas concretas que él conocía muy bien y ellos a él y que pertenecían a corrientes políticas distintas a la de él:

-!¿Vosotros me váis a enseñarme a mí democracia!?.!¿Vosotros me váis a enseñarme a mí la dirección de asambleas!?.!¿Quién de vosotros asistió a tantos congresos como yo?! Y me refiero a congresos internacionales y no a una asamblea como la que estamos en ella ahora y que es una vergüenza.

Agunos oyeron la voz de un hombre canoso sentado en las primeras filas mientrsa recitaba dos versos que dicen:

No despreciamos vuestros "favores", sin embargo seguimos albergando un anhelo

En nuestra mano quedan restos de un país, por favor descansad para que no se pierdan estos restos (3)

 

Y mientras el doctor Ismail seguía rugiendo a través del mircófono, el doctor dentista, Kamal, se inclinó hacía el que estaba sentado a su derecha preguntándole con voz baja y con una sonrisa sobre los labios:

- ¿Que picho le habrá  picado al doctor Ismael?. No le veo normal hoy. Parece como si estuviera tocado.

– déjalo sin "parece". De hecho está tocado. Pero a ver ¿Que es lo que esperas de él tras veinte años de estudios para conseguir el título de medicina?. Eso le acomplejó.

Kamal se río al escuchar las palabras de su compañero pero pronto recuperó la atención puesta en el doctor Ismael encontrando que este seguía con su palabrería cual tren de alta velocidad, sin que nada pudiera pararle y sin que prestara ninguna atención al gran vocerío que habían provocado sus palabras y a aquellos que exclamaban reprendiéndole desde todas partes del salón de actos.

 

Una señora de mediana edad y entrada en carnes se puso de pie en la segunda fila de asientos gritando en diálecto tradicional, típico de una madre palestina:

-Malditos seáisy maditos sean semejantes asambleas. Vergüenza debería de daros. Y tú que te crees presidente ¿Quién te ha elegido?. Cállate ya que tu eres el que está arruinando la asamblea entera. !!Maldito sea Lenin que te enseñó semejante democracia!.

 

El doctor Ismael escuchó las palabras de la mujer por encontrarse cerca de él, respondiéndola sin haber detenido su verborrea ni por un momento:

- !Pero señora!. !¿Con que yo soy el que está arruinando esta asamblea?!. Por Diós que no la está arruinando excepto vosotros quienes no habeis asistido a una asamblea en vuestra vida. Pero aparte de esto, la ruego no arremeter contra Lenin. !!¿ Es que vosotros tenéis que estar insultando a Lenin venga o no venga al caso?!!.

 

Ismael quiso seguir hablando si no fuera porque uno de los asistentes se encaró a él lanzando un alarido que sobrecogió la sala hasta horadar el cortinaje del vocerío con orificios de silencio, diciendo en un diálecto  

que en su mayor parte era palestino rural:

- !¿Vienes aquí a alardear de filósofo ante nosotros!?. Pero hombre ¿te crees que aquí estás en una reunión de vuestra organización?, con mis respetos hacía tí y hacía tu organización. Pero tío despiertate. Esta asamblea es de todos, o sea olvídate por un momento de las asambleas de tu organización, olvídate de Lenin, y recuerda a Palestina aunque sea por una vez en tu vida.

 

El doctor Ismael se encolerizó sobremanera ante aquellas palabras y gritó a aquel hombre en quien reconoció a uno de sus  contrincantes político desde los días de estudiante:

- !¿Su señoría viene aquí a hacer que me acuerde de Palestina señor Ozmán?!. Nos  conocemos de hace mucho tiempo y sabemos quien luchó de entre nosotros. Pues yo....

Ozmán le interrumpió gritando con sorna:

-¿Y cuanta tierra habéis liberado Diós mediante?. !Hombre!, basta ya de charlatanería.

 

Una señora italiana se levantó de repente exclamando en voz alta agotada ya su paciencia:

- !¿No os habéis puesto deacuerdo ya en que el idioma de la asamblea sería el italiano? ¿Hasta cuando entonces vais a seguir con este caos o es que quereis de nosotros los italianos que abandonemos la sala?.

 

Los aplausos a esta señora retumbaron dentro de la sala ya que era amplia la mayoría de señoras y chicas italianas y los jovencitos de padre árabe y madre italiana que no dominaban bien el idioma del padre.

 

Y en medio del bullicio que siguió a los aplausos el público oyó de nuevo la voz del doctor Kamal, diciendo en italiano, con tono firme y dirigiéndo sus palabras al presidente de la asamblea:

- Por favor presidente. Yo te propongo que dejes las discusiones aparte y que comiences tu trabajo de inmediato y sin más pérdida de tiempo. ¿Por qué no nos lees el orden del día de la asamblea para que acometamos de inmediato la ejecución del primer epígrafe?.

 

De inmediato se oyeron varias voces procedentes de distintas partes de la sala apoyando, en los dos idiomas, a esta propuesta. Sin embargo, al doctor Ismael no le había gustado que aquél que tomó la palabra le hubiera impuesto su voluntad y que hubiera insinuado que él había causado la pérdida de tiempo de la asamblea, pero la casí unanimidad que habían significado aquellas voces le obligó a ignorar esta cuestión.

 

Así, el prsidente procedió a la lectura del orden del día que la Comisión Preparatoria había redactado, con la sorpresa de que en él quedaba suprimido por completo cualquier papel que pudiera desempeñar la Asociación Jerusalén en la asamblea y destacaba el papel de la Comisión como su único eje al que se ha conferido el uso exclusivo de la palabra desde el inicio de la asamblea hasta su final, todo lo contrario a lo que previamente habían acordado Asociación y Comisión.

 

El orden del día era largo y amenazaba con que su ejecución iba a requerir largas horas de reunión. Llamaba la atención especialmente que la primera intervención estaba dedicada a Abu Isa, mientras que la del representante de Palestina en Italia se dejaba para el final. Según todos los indicios las últimas partes del orden del día se veían claramente amenazadas de no poder ser llevadas a cabo por falta de tiempo pues la hora marcaba ya las nueve y media de la noche.

 

Al escuchar el programa del día al representante de Palestina se le ha visto como sacudía ligeramente la cabeza en señal de disgusto al tiempo que se notaba un fuerte enfado en las caras de los seguidores de la corriente nacionalista al que pertenece al advertir la trampa que les habían tendido las otras corrientes representadas en la Comisión y que en realidad no era excepto el inicio de una serie de conspiraciones que se habían urdido con astucia contra ellos y contra la asociación Jerusalén y que fueron cumplidas en las horas siguientes de aquella larga noche con la finalidad de obtener la aprobación de la asamblea de constituir la asociación sustituta.

 

Los representantes de la corriente nacionalista quisieron intervenir para corregir la marcha de la asamblea en conformidad con lo que se había acordado al respecto, pero el representante de Palestina les pidió  que no lo hagan ya que se percató de que la jugada había sido bien tramada comenzando por el inicio de la asamblea más de una hora después de lo previsto, pasando por el enfrentamiento acerca del idioma de la asamblea y finalizando con la insólita elección del presidente de la asamblea y como este procedió a irritar a los asistentes, además de todo el caos que personas determinadas se dedicaban a provocar con el fin de perder tiempo e infundir hastío y asco entre los presentes que no pertenecen a la Comisión ni son de sus seguidores, para que, cuando se haya marchado la mayoría de ellos, queden aquellos, sus amigas y sus esposas y votaran a favor de la Comisión.

 

El representante de Palestina, Abul Walid, intercambió susurros desde su asiento, en la última fila de la sala, con su estrecho ayudante, Husein, diciéndole a este:

- Déjales. Esta claro que se han preparado durante meses para esta asamblea, mientras que nosotros venimos a ella con corazones exentos de conspiración. ¿No te has dado cuenta, por ejemplo, de que todos los que se han marchado del salón de actos hasta ahora son o de los que no tienen relación alguna con las disputas políticas palestinas o de los contrarios  a las corrientes políticas que componen la Comisión?. Con su marcha han probado que no se habían dado cuenta de la jugada. De todos modos y a pesar de que es ya demasiado tarde, se debe advertir a los que aún permanecen aquí e invitarles a que se queden en la sala hasta el último momento.

 

Husein se separó de Abu Walid para comunicar esta advertencia a aquellos seguidores de su corriente nacionalista que se encontraban cerca de él, volviendo acto seguido a ocupar su asiento al lado de Abu Walid e inclinándose hacía él para decirle muy encendido:

- Lo que me irrita muy especialmente es el hecho de que hemos sido nosotros quienes hemos llamado a constituir esta Comisión con el fin de crear una asociación sustituta de la Asociación Jerusálen. Los últimos meses de negociaciones y contactos han venido a confirmar que esta asociación está formada por un grupo de palestinos honestos que no están interesados por ninguna de las corrientes políticas, ni en facciones, ni en partidos políticos, sino que pretende unicamente servir a la comunidad palestina y sacrificar por ello su dinero y su tiempo.

 

Abu Walid mordisqueó su labio inferior mientras sacudía la cabeza y observaba con ojos avizores la fuerte protesta contra el orden del día de la asamblea y las demandas de que sea votado en lo que le pareció una nueva maniobra encaminada a provocar más pérdida de tiempo y a ahuyentar a más gente pacífica de entre los participantes, y le dijo a su acompañante:

- No digas eso de que hemos sido nosotros quienes hemos llamado a crear esta Comisión, pues tú sabes que la ídea de crearla ha sido todo lo que el cerebro de nuestro hermano Kayed ha sido capaz de alumbrar. Durante meses me estuvo convenciendo de que él conocía muy bien lo que sucedía en Roma gracias a sus dos décadas de experiencia en esta ciudad, y que la Asociación Jerusalén no es democrática y que se debía crear una nueva asociación de amplia base popular. En vano intenté convencerle de que la asociación Jerusalén representa la mejor manera de acción cívica palestina en Europa ya que se ha movido de por sí sola y con una notable eficacía llenando el gran vacío que dominaba  hasta entonces la comunidad palestina aquí a lo largo de muchos años.

- Pero él sabe esto y sabe cono fue cosntituida la asociación Jerusalén tras largas y tediosas reuniones que tenían lugar en nuestras oficinas y delante de nuestros ojos y con nuestro apoyo moral. Yo mismo le dije a Kayed repetidas veces que no había razón ninguna que justifique escindir la comunidad palestina en esta ciudad llamando a la creación de una nueva asociación.

 

– Sé que se lo dijiste, pues tú también eres de los antiguos residentes en este país y conoces mejor que yo a todos los encargados de la asociación Jerusalén que también Kayed conoce muy bien y sabe del esfuerzo que han puesto en celebrar actividades palestinas honrosas en Roma y fuera de Roma sin que nadie les haya pedido que lo hagan y empujados sólo por su consciencia nacional y humana. Pero Kayed se empeñó en mantener su postura y trajo a mi despacho los representantes de las corrientes que conocemos.

 

– Me acuerdo de aquella reunión. Ha pasado más de un año y medio desde entonces.

 

El responsable palestino dejó dibujarse sobre sus labios una tenue sonrisa perturbada por una manifiesta preocupación a causa de lo que transcurría en la sala en aquellos momentos de discusiones interminables acerca de la votación sobre el orden del día de la asamblea.

 

– Por lo tanto,dijo, recordarás también como insistían tanto Kayed  como los representantes de las corrientes políticas en aquella prolongada reunión sobre la necesidad de fundar una nueva asociación, como hemos discutido largamente acerca de la asociacón Jerusalén,  como hemos detectado el odio que albergaban hacía ella todos ellos y Kayed más que nadie, y su odio hacía los encargados de la asociación, tanto que en mí se suscitaron múltiples interrogaciones. Me hablaban de la asociacón Jerusalén con horrendas palabras pero yo no les creía porque conocía sus psicologías y sabía que su ansía de liderazgo y su codicia de cargos y de resplandores eran los elementos que movían a aquellas personas y a sus semejantes. A Kayed le expresé en confidencia aquellas ídeas mías pero le encontré aferrado a la necesidad de formar una nueva asociacón sin haberme dado una sola explicación lógica.

- Entonces, ¿Cómo les permetiste, Abu Walid, seguir adelante con esta locura de proyecto?. Mira esta asamblea que ha tramado la Comisión, sin el menor respeto a la comunidad palestina, trayendo a los palestinos aquí sólo para que apunten sus nombres en el registro de asistentes y para que la paguen la tasa de participación en la asamblea, con el fin de que la larga lista de participantes sea utilizada después como justificante legal en la creación de una asociación que sustituya a la existente, a pesar de que más de dos tercios de los participantes se habrán marchado a sus casas cuando hayamos llegado al punto de votar esta cuestión que es al fin y al cabo el meollo de esta asamblea.

 

- ¿Y que querías que yo haga?. Tú estabas presente conmigo en aquella  reunión y en las reuniones siguientes. Todo lo que les dije entonces era que nosotros no teníamos la facultad de impedir a nadie crear una asociación palestina y que tampoco teníamos facultad alguna para pedirle a una asociación constituida y legítima en Italia que se autodisuelva y detenga sus actividades. Y les dije con toda franqueza que se trataba de unas actividades que nosotros animamos y que nos honran como palestinos. Por de todos modos mis continuos viajes a Túnez en el último año no me permitieron seguir esta cuestión muy de cerca, por lo que se quedó en manos de Kayed, a quien yo creía más íntegro e inteligente que dejarnos caer en este follón.

 

Husein sacudió la cabeza agarrándola con ambas manos mientras repetía:

- Esto es una locura. Esto es un escándalo. Nosotros somos responsables de que esta mascarada haya tenido lugar.

 

Y volviéndose de nuevo hacía Abu Walid le preguntó con el entrecejo fruncido:

- ¿Pero acaso se produjo algún hecho por parte de la asociación Jerusalén que hubiera merecido este comportamiento de parte de Kayed, Abu Isa y los otros?. Todos estos son nacionalistas y honrados. ¿Cómo han podido entonces caer hasta este nivel de conspirar contra otros palestinos nacionalistas y honrados como ellos?. 

 

Abu Walid no respondió de inmediato pues estaba siguiendo lo que ocurría en la sala en aquellos momentos en los que se intensificaban el ruido y el vocerío y se embrollaban múltiples discusiones simultáneas. Pero no tardó en inclinarse hacía Husein diciéndole sin apartar la vista de lo que ocurría en la sala:

- Husein, existe el nacionalista consciente y el nacionalista estúpido, y créeme que la diferencia entre ambos es enorme. No hemos visto de parte de la asociación Jerusalén excepto el trabajo serio y tu sabes que todos los encargados de ella son profesionales integrados en la sociedad italiana desde su más tierna juventud y son de los que idolatran el tiempo y nunca lo desperdician. Además, ellos se han movido al servicio de la comunidad palestina porque nadie lo había hecho hasta entonces de entre aquellos que tenían el deber de hacerlo dadas sus posiciones a las que durante tanto tiempo se aferraron y rodearon por un halo de nacionalismo y de hueca reputación.

– Por todos modos quería decirte algo.

– A ver, dime.

– Yo creo firmemente que la clave que está detrás de esta actitud contra la sociación Jerusalén radica en un solo punto fundamental al que pude llegar tras largas horas de conversación tanto con los fundadores de la asociación Jerusalén como con los de la Comisión Preparatoria. Kayed y los representantes de estas corrientes políticas que participaron con él en la formación de la Comisión,  incluido el propio Abu Isa, no tienen nacionalidad italiana, y algunos de entre ellos llevan años intentando infructuosamente conseguirla.

 

Husein permaneció en silencio por unos momentos para detectar el efecto que han tenido sus palabras en Abu Walid y si había entendido a donde quería llegar. Efectivamente, este se volvió hacía él con una amplia sonrisa y aspiró profundamente de su cigarillo, diciéndole a su interlocutor y amigo al oído:

- Hemos llegado a la misma deducción. Ese es precisamente uno de los puntos más importantes que provocaron la ira de estos lidercitos contra la sociación Jerusalén. Te he entendido.

 

Y mientras Husein fruncía más el ceño una sonrisa tenue se iba dibujando sobre sus labios, a la vez que Abu Walid proseguía diciendo:

- Kayed y esta gente pusieron el grito en el cielo cuando leyeron los estatutos de la asociación Jerusalén encontrándose con que el cargo de presidente de la misma estaba limitado a aquellos que tienen nacionalidad italiana, lo que significaba que todos ellos no tienían derecho a asumir este cargo, lo que les resutó muy difícl de tragar máxime cuando consideran que sólo ellos tienen derecho a liderar a los palestinos de este país y que nadie puede disputarles este derecho, aunque esta fantasía suya no tiene fundamento alguno excepto que sea parte del confuso concepto que tienen del nacionalismo. Efectivamente, este es el meollo de la cuestión, y si no, que rara coincidencia esta esa de que los cuatro que mi visitaron en mi despacho en aquella primera reunión hayan sido todos de los que no tienen nacionalidad italiana.

– Es verdad, Abu Walid. Kayed y su Comisión Preparatoria siempre alegan como pretexto para enfrentarse a la asociación Jerusalén algunos artículos de sus estatutos, especialmente ese artículo relacionado con las condiciones que ha de poseer todo aquel que se  presente como candidato a la presidencia de la asociación. Cuantas veces les expliqué que era lógico que el presidente de la asociación sea italiano y que eso favorece los intereses de la comunidad porque es imposible para un residente extranjero servirla con la misma fuerza que lo haría un italiano de nacionalidad. Pero no hubo manera de que lo comprendan cuando sus conciencias están faltas de integridad y ansiosas de cargos por más insignificantes que sean estos cargos y por más sacrificios que entrañan y que ellos no tienen la menor disposición de ofrecer.

 

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