AMARZAD, EL MAGO FLOR Y LOS CINCO REINOS <p> Entrega 13

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AMARZAD, EL MAGO FLOR Y LOS CINCO REINOS

Entrega 13


 AMARZAD, EL MAGO FLOR Y LOS CINCO REINOS 

Saïd Alami

En entregas semanales 


(Entrega 13)


11 Mayo 2022


...El monarca, enterado ya de todos los detalles y cada vez más apesadumbrado, ordenó que llevasen al joven caballero y a sus compañeros a las dependencias de la Guardia Real, anexas al palacio, para que descansasen y ordenó a Burhanuddin que compareciera ante él al día siguiente, a la misma hora, junto a sus dos compañeros.

 Al día siguiente, el sultán, sentado en su trono, en presencia de su hermano, el príncipe Nizamuddin; del caudillo Qasem Mir, comandante en jefe del ejército, y otros príncipes y nobles, además de Noruz, el jefe de la Guardia Real, recibió de nuevo a Burhanuddin, que ya lucía un magnífico aspecto, engalanado con su uniforme militar, también sus dos compañeros de viaje, que se situaron detrás de él, todos ellos en posición firme, tal como requería una ceremonia militar formal que el sultán quiso que se limitase al salón del trono, lo cual impresionó mucho a Burhanuddin, que nunca había asistido a una ceremonia de aquel calibre, especialmente por la presencia de todos aquellos príncipes y nobles, con aspectos imponentes, cuyos semblantes eran serios e incluso sombríos, ya que habían sido previamente informados por el sultán del asesinato de Parvaz Pachá, que tan querido y allegado era a muchos de ellos.

El príncipe Nizamuddin leyó el texto de un edicto real por el que se le concedía a Burhanuddin y a sus compañeros un rango más alto en la escala militar, además de destinar al joven caballero a la Guardia Personal del sultán y a sus dos compañeros a la Guardia Real. El edicto incluía la concesión a Burhanuddin de una destacada condecoración por haber prestado tan importante servicio al sultanato al detectar que Parvaz Pachá se había negado a traicionar al sultán y que por ello había sido asesinado, además de haber sido testigo ocular del mismo, lo cual no dejaba duda alguna sobre las circunstancias y motivos de aquel crimen. El edicto también concedía al joven caballero, en su nueva calidad de miembro de la Guardia Personal del sultán, residencia en dependencias adyacentes al Palacio Real y comunicadas directamente con su interior.

Acabada la lectura del edicto real, el caudillo Qasem Mir, se encargó de condecorar a Burhanuddin. El joven no cabía en sí de lo orgulloso que se sentía al verse, por primera vez en su vida, rodeado del interés del sultán en persona y de los personajes más importantes del reino. Pero las cosas no terminaron allí, pues Qasem Mir, en cuanto terminó de condecorar al joven caballero, se dirigió a él en voz alta, como dándole una orden, comunicándole que a partir de aquel momento quedaba destinado a formar parte de la escolta real personal, encargada de custodiar cuerpo a cuerpo al sultán en todos sus movimientos, en sus comparecencias públicas, recepciones y celebraciones que tuvieran lugar dentro o fuera del palacio; además de proteger a la familia del sultán dentro del palacio. La escolta real estaba formada por solo cuatro hombres considerados los mejores dentro de la Guardia Personal del sultán.

Acto seguido, el monarca ordenó al príncipe Nizamuddin encabezar una tropa de tres mil hombres y marchar con ellos a la frontera con Rujistán, con el encargo de detener a Bahman dos días después de que hubiera cruzado la frontera junto a sus jinetes y séquito, de regreso a Dahab. Le ordenó que la detención se llevase a cabo costase lo que costase, aunque fuera luchando contra la tropa que acompañe a Bahman o contra este en persona si hiciera falta, pero insistió en que le quería vivo e incólume. El sultán temía seriamente que Bahman hubiera sido comprado por Qadir Khan, lo cual podía causarle gravísimos problemas de regresar libre a Dahab.

Durante todo aquel tiempo trascurrido desde la partida de la embajada de Parvaz otros acontecimientos más habían ensombrecido ante sus ojos los horizontes de futuro de su reino al sultán Nuriddin. En primer lugar, su amigo el sultán Akbar Khan había salido con Muhammad Pachá con las manos vacías de Sindistán, donde el rey Radi Shah les hizo saber que su alianza con Qadir Khan era inamovible y les pidió que aconsejaran a Nuriddin rendirse, prometiendo brindarle un trato exquisito y digno además de dejarle intactas todas sus propiedades y lacayos.

En cuanto a la embajada enviada al tercer aliado contra Qanunistán, el reino de Nimristán, aún no había regresado cuando llegó Burhanuddin y tampoco se sabía nada de la misma. Encabezaba aquella misión como embajador el príncipe Johar, tío del sultán Nuriddin, quien iba acompañado de un centenar de jinetes y caballeros, además de ayudantes y sirvientes.

Al siguiente día de la condecoración de Burhanuddin, una paloma mensajera llegó a palacio en Dahab. El mensaje que portaba fue llevado de inmediato al sultán, en sus aposentos. Este lo leyó en presencia de su esposa, la sultana Shahinaz, y de su hija, la princesa Amarzad. El mensaje informaba de que el destacamento que encabezaba el príncipe Johar había sido atacado justo antes de llegar a la frontera de Nimristán y que todos sus componentes fueron asesinados o heridos, además, de los que habían sido tomados prisioneros. Con esta noticia, la tristeza terminó por apoderarse del todo del corazón de Nuriddin. Sin embargo, y tal como coinciden en decir refranes de muchos países: «las calamidades siempre vienen juntas», pues, al día siguiente, llegó otra paloma mensajera con otro mensaje mucho más nefasto: el príncipe Johar había muerto en la batalla contra los atacantes. En un tercer mensaje llevado por otra paloma el rey leyó que los tres mensajes habían sido enviados por el cuidador de las palomas que decía que había sido el único miembro de la embajada que pudo escapar de los agresores, soldados de Rujistán.

Todo aquel cúmulo de noticias iban socavando la fortaleza del sultán Nuriddin, especialmente por la muerte de dos de sus mejores y más importantes lugartenientes, Parvaz Pachá y su tío, el príncipe Johar, ambos muy queridos por él, y por el temor a una puñalada traicionera de la mano de Bahman. Para Nuriddin, estaba claro, por propia experiencia y por todo lo que aprendió de su difunto padre, que quien viola la relación consanguínea es capaz de violar todo lo sagrado en la vida, y que el daño causado por los familiares es el que más dolor produce en los corazones nobles. Y Bahman ya había elegido ese abominable destino.

Otro factor que preocupaba al rey Nuriddin era su temor a que sus enemigos hubieran implantado espías en Dahab y, tal vez, en su propio palacio. Por eso, el sultán dio órdenes estrictas de no emplear a nadie en el palacio sin el permiso expreso del jefe de la Guardia Real, Noruz.

Ante estos acontecimientos, la sultana Shahinaz y la princesa Amarzad intentaban en todo momento darle ánimos a Nuriddin y aconsejarle sobre distintas cuestiones.

Amarzad le expresó al mago Flor en más de una ocasión sus temores acerca de las grandes preocupaciones de su padre, que le quitaban el sueño, aun cuando no cesaba en su actividad febril tomando toda clase de decisiones y dando toda clase de órdenes en aras de preparar su ejército para la gran batalla en la que el sultán Akbar Khan era su único y fiel aliado. La princesa le rogaba al mago Flor que le permitiera tranquilizar a su padre desvelándole sus secretos, pero su amigo le pedía mantenerse firme en su silencio al respecto ya que de lo contrario violarían la ley de la Hermandad Galáctica de Magos que prohíbe bajo cualquier circunstancia desvelar ninguno de sus secretos.

Mientras tanto, Qasem Mir no escatimaba esfuerzos en preparar las tropas y en levantar los ánimos del sultán, que se encontraban mermados desde que supo por Burhanuddin que Qadir Khan disponía de doscientos mil soldados y caballeros. Le preocupaba al sultán sobremanera que los tres aliados contra su reino pudieran reunir un ejército de tal cantidad de tropas que ni él ni Akbar Khan pudieran hacerle frente. Además, los tres reinos aliados abarcaban la frontera de Qanunistán desde el noroeste hasta el sureste, lo que hacía imposible poder proteger todas aquellas zonas fronterizas. El sultán se veía acorralado.

Mientras, desde Zulmabad, Sunjoq fue informando de los detalles de la traición de Bahmán al jefe del ejército, Qasem Mir, en Dahab y este último le pidió que se mantuviese junto a Bahman, y que le hiciera creer que gozaba de su incondicional lealtad, hasta que llegase el momento de regresar junto al hijo de Parvaz Pachá a Dahab.

Por su parte, Amarzad estaba preocupada por su padre y por la marcha de los acontecimientos. No acababa de fiarse de que la inminente guerra iba a ser a favor de su padre y de su país, aun cuando confiaba enteramente en el mago Flor, pues los temores y las dudas no dejan sosegarse al ser humano, incrédulo e impaciente como es por naturaleza.

 

Capítulo 9. La triple conspiración


Los hombres del mago Flor estaban montando guardia en el bosque donde se ubicaba el caserón quemado de la bruja Kataziah. Adoptaron forma de pájaros, esperando a que la bruja, su hijo Narus o su hermano Wantuz acudieran al caserón en busca de algo que les interesara recuperar de entre sus escombros.

Kataziah, tras aquel enfrentamiento con el mago Flor y sus secuaces, y ya con sus más allegados y destacados brujos y brujas detenidos por el mago Flor, se quedó bastante amedrentada y tenía pánico a caer en manos de la Hermandad Galáctica de Magos.

En los días que siguieron a la batalla del caserón del bosque, Kataziah tuvo tiempo para establecer, junto a su hermano e hijo, su nueva estrategia contra el bando del mago Flor, siendo su núcleo central el rapto de Amarzad y la convocatoria de brujos y brujas de los reinos vecinos para que se aglutinasen alrededor de una causa común, que era la de defender sus intereses y deshacerse de una vez por todas del mago Flor y de sus secuaces.

Así, la bruja, su hijo y su hermano empezaron a llamar a otros brujos de los reinos fronterizos con Qanunistán. Les informaron de que la mayor parte de sus compañeros de Qanunistán se encontraban ya presos por el clan del mago Flor y que este disponía ahora de una nueva y poderosa sortija que llevaba en la mano la princesa Amarzad, lo que significaba un fortalecimiento notable de su poder para perseguirla a ella y a todos los brujos del mundo.

Los brujos fueron convencidos con estos argumentos para congregarse en Qanunistán en apoyo de Kataziah. Así, los brujos empezaron a acudir a Dahab en secreto, sigilosamente, decididos a librar a sus compañeros de Qanunistán del yugo del mago Flor.

Las reuniones de los brujos se celebraban en el interior de una inmensa gruta situada en la ladera de una montaña en las afueras de Dahab y que hasta entonces era conocida solo por Kataziah y su familia. En aquella cueva, que Kataziah había convertido en su escondite junto a Narus, Wantuz y demás brujos convocados, se iba fraguando el plan para la liberación de los brujos presos y el asesinato del propio mago Flor, recurriendo para ello a las más viles artes de las que era capaz la brujería negra. El plan pasaba esencialmente por el secuestro de Amarzad.

Más de cien brujos se habían congregado para llevar a cabo ese diabólico plan que, de ser descubierto por el mago Flor, supondría el estallido de una guerra abierta y sin precedentes entre los magos bondadosos y los brujos de la maldad, algunos de ellos tan poderosos como la propia Kataziah. Esos brujos habían heredado, generación tras generación, los secretos más profundos de la brujería de Babilonia y del antiguo Egipto, los dos lugares donde la brujería tuvo sus inicios muchos siglos atrás.

Al no obtener resultado alguno tras días de vigilancia y espera alrededor de las ruinas del caserón del bosque y tras varios intentos de localizar al trío de brujos fugitivos mediante el poder de las sortijas, incluida la de Amarzad, el mago Flor ordenó a Hilal que regresase con sus ayudantes al Nuevo Palacio.

Días más tarde, Hilal, de regreso de la zona montañosa en las afueras de Dahab donde continuaba la búsqueda de los brujos fugitivos, encontró en el Nuevo Palacio al mago Flor con un viejo amigo y colega, el mago Habib, del reino de Rujistán. Habib había acudido a Dahab para ponerse de nuevo bajo las órdenes del mago Flor, además de informarle, días antes de la llegada de Burhanuddin a la ciudad, de lo acaecido en Rujistán con Parvaz y su hijo. Cuando Hilal llegó, Habib acababa de contarle al mago Flor toda aquella historia rocambolesca, incluido el asesinato de Parvaz y la prevista boda de su hijo Bahman. Ahora se disponía a contarle lo más importante.

Incorporado Hilal a la reunión, el mago Habib —unido a Hilal por una larga relación de amistad y cooperación—, les contó que los principales brujos y brujas del reino de Qadir Khan habían acudido a Qanunistán llamados por Kataziah, lo cual hacía pensar, según Habib, que esta había llamado también a los brujos de otros reinos y que, probablemente, estuvieran todos tramando alguna conjura en contra del mago Flor con el fin de liberar a los brujos de Qanunistán.

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